La CNMC dibuja un usuario más informado que hace unos años, pero todavía con dificultades para distinguir mercados y para adaptar el consumo a las horas más baratas.
Lo esencial
- Tres de cada cuatro hogares conocían la existencia del bono social eléctrico en el segundo trimestre de 2025.
- Solo el 47,4 % distinguía entre mercado libre y regulado en electricidad.
- En gas, el 44,4 % sabía diferenciar mercado libre y TUR.
El conocimiento mejora, pero no de forma homogénea
La CNMC publicó en diciembre de 2025 una fotografía muy valiosa de cómo entienden los hogares españoles sus suministros energéticos. El dato más positivo es que el 75,1 % de los hogares conocía la existencia del bono social eléctrico y, entre quienes lo conocían, el 63,1 % afirmaba saber también cuáles eran los requisitos para solicitarlo.
Es una mejora importante en visibilidad. Cuando una ayuda llega a ser conocida por tres de cada cuatro hogares, el reto deja de ser exclusivamente informativo y pasa a ser de comprensión real, acompañamiento y acceso.
El gran cuello de botella sigue siendo entender el mercado
La misma nota de la CNMC muestra un punto mucho menos cómodo: solo el 47,4 % de los hogares sabía distinguir entre el mercado libre y el regulado de electricidad, es decir, entre una oferta comercial libre y el PVPC. En gas natural, el porcentaje baja al 44,4 % para diferenciar entre mercado liberalizado y TUR.
Esto explica por qué tantas veces el cliente compara mal. Si no sabe realmente desde qué punto parte, es mucho más fácil que una promoción brillante en la superficie tape un precio o una estructura menos competitiva.
El precio horario sigue sin convertirse del todo en hábito
Otro dato muy revelador es que el 48,6 % de los hogares no tuvo en cuenta las diferencias de precio por horas al planificar su consumo. Solo un 28,9 % declaró adaptar bastante sus hábitos y un 22,3 % dijo hacerlo en parte. Es decir, incluso cuando hay señales horarias, convertirlas en rutina cotidiana sigue siendo complicado.
Para proyectos como Ursiluz, aquí hay una oportunidad clarísima: no basta con mostrar precios. Hay que traducirlos en decisiones simples, comparables y accionables. La mejor experiencia de usuario no es la que enseña más datos, sino la que ayuda a tomar mejores decisiones con menos fricción.
